viernes, 4 de noviembre de 2016

Odio la escuela

Posted By: Mayra Arteaga - 20:22

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Siendo la hija menor de una familia con dos hijos, era cuestión de tiempo que mi tolerancia a los niños fuese puesta a prueba por la llegada de mis sobrinitos. Como buena familia moderna, lo de mi hermano con su expareja no funcionó y los tenemos en casa cada fin de semana, con lo que he sido aún más tía de lo que originalmente hubiese pensado. “Ser más tía” para mí involucra cosas que no pensé que tendría que hacer, como alimentar, bañar, dormir y cambiar niños en edad de pleno crecimiento. He atravesado por muchos períodos de cambio en ellos y los he podido ver desarrollarse como tiernos cavernicolitas que después de media hora me sacan de mis casillas.
El problema con ser tía es que eres un ejemplo a seguir, siendo en cierto modo una persona “adulta” en su entorno, y como tal, tienes que controlar lo que dices.
Yo no puedo controlar lo que digo.
Y esto resulta particularmente problemático porque simplemente me brota de la boca el pensamiento random que vaya atravesando por el cerebro en ese momento, y con niños que educar y que a veces tienes qué convencer, no resulta de lo más práctico. Una de las veces que más recuerdo fue cuando el sobrino 1 estaba a punto de entrar a la primaria. Agobiado estaba platicándole a la abuela que no quería ir porque le habían dicho que las maestras de primaria eran gruñonas, regañonas, y dejaban mucha tarea.
Lo comprendí. Su comentario me llegó al alma.
-No te preocupes “miamol” -Mi mamá les dice “miamol” -las maestras son buenas y está bien que te dejen tarea porque así vas a aprender muchas cosas y jugarás con amiguitos nuevos… te gustará.
-O no. -Solté, antes de darme cuenta de qué estaba diciendo, valiéndome una muy severa mirada materna y probablemente el trauma existencial de mi sobrino por el resto de su vida.
Me lo agradecerá más tarde.
Siempre odié la escuela. Como lo dije antes en otro post, en realidad jamás le vi ventajas a sacarte de tu zona de confort siendo tan chiquito y hacerte enfrentar un entorno hostil, incómodo y traumatizante. A continuación les enlisto las 5 cosas que me hicieron odiar la escuela.

1- El proceso educativo.

Hoy en día mis papás aún no son capaces de creerme que en 4º año me ponían a copiar el diccionario. No sé si ellos lo vivieron de forma distinta, la verdad jamás les he preguntado. En realidad toda la información que se nos brindaba en clase era distribuida de modo que fuese óptima para la memorización, NO PARA EL ANÁLISIS. Y si he de ser honesta, desde niña he sido un gusano de libros; aspiro uno y paso al siguiente, analizo conforme leo y si no entendí me regreso. Soy obsesiva del detalle en la lectura, disfruto que me digan “del lado izquierdo del plato, a dos centímertros y veintiún milímetros del borde estaba colocada una cucharilla de plata de mango barroco”. Adoro la sobre adjetivación. Adoro la causalidad de los elementos. Si la cuchara será usada más tarde en un homicidio, para mí será diez veces más sencillo recordar que estaba a dos centímetros y veintiún milímetros del borde y que era plateada. No hay otro método, no hay sinergia entre los tipos de intelecto de los niños y las actividades a realizar. No hay nada.

2- Las maestras.

Siempre he considerado que era una niña bastante tranquila, bastante pequeña y bastante invisible. Por alguna razón los profesores nunca pensaron que lo fuera. Tal vez tuviese que ver con mi incesante impulso de sabelotodo de contestar aunque no me pregunten a mí y de contradecir cuando alguien se equivoca. Tal vez tenga que ver con que las maestras que me daban clase en realidad estaban seniles y no tenían paciencia. Pero si no tienes paciencia en esa clase de trabajos entonces ¿quién es tu empleador?



3- La comida.

No.
No es posible que en un lugar en donde tienen niños una buena parte del día no sean capaz de ofrecerte algo que no sea un refresco de bolsita y una torta de atún. ¿No hay servicio de comedor en las empresas? ¿por ser niño tienes menos requerimientos? ¿Acaso esperan que uno vaya a la escuela con ganas cuando sabes de sobra que a la hora del recreo te espera un sándwich de religioso jamón CADA UNO DE LOS DÍAS DE LA SEMANA, TODOS LOS DÍAS DEL AÑO ESCOLAR? Uno en promedio asiste 300 días del año a la escuela, 6 años de primaria y 3 de secundaria, ¡son 2700 sándwiches de jamón! Si en las escuelas hubiese “comedor” y no solo una “tiendita”, muchas mamás se ahorrarían muchos niños infelices por muchos sándwiches de jamón.
(A la fecha detesto los sándwiches de jamón.)



4- Los baños.

Un trauma que tengo son los baños públicos. Tuve que sacarme eso en cuanto entré a trabajar porque obviamente no puedes tener baño para ti solo. Pero estoy muy segura que comenzó mi trauma en la primaria. Es increíble cómo siendo niños tan chiquitos pueden apestar y dejar en tan malas condiciones unos baños. Eran oscuros, viejos, fríos y llenos de mosquitos. No tenían tapas ni asientos y nunca había papel, ni jabón. Sí, ya sé, qué oso, pero era federal, así pasa.



5- Los niños.



Irónicamente, pero no lo digo porque yo me haya creído muy madura. Simplemente no había conexión. Yo era un dedo meñique con mala condición física que detestaba hacer deporte y prefería meterse a leer a la biblioteca (bodega) que jugar afuera. A mí me gustaba el anime, ellos decían que era satánico. ¿Entienden la idea? Mi interacción con ellos no iba más allá del salón de clases y las veces que llegaba a recibir un balonazo en la cara. ¿Alguien más era el favorito de los balones en su escuela?
¡Cuéntame tus traumas! 

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