miércoles, 21 de septiembre de 2016

5 cosas que aprendí trabajando para estadounidenses

Posted By: Mayra Arteaga - 16:45

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Estoy convencida de que la vida del godínez común es cómoda y sin sobresaltos. Llegas a tu oficina, trabajas, te haces wey por ratitos y te vas a tu casa a disfrutar del resto de tu tarde. A pesar de que la mayoría de los trabajos que he tenido involucran una rutina similar, no puedo decir que los trabajos de godínez que consigo me llenen o me satisfagan de alguna manera. Son trabajos y punto, llego a trabajar y me voy, sirven para obtener dinero y se acabó. Esta mentalidad me ha llevado a cambiar de trabajo constantemente y el último que tuve fue en un callcenter bilingüe.
A pesar de todo lo que puedo llegar a decir sobre el trabajo de godínez, lo que sí me entusiasma es aprender cosas nuevas. En esta ocasión le daba atención directa a algunas marcas grandes cuyo fuerte de ventas estaba en Estados Unidos. Creo que en uno de los meses más pesados, si llegué a atender 400 llamadas sería decir muy poco (la verdad no tengo el dato, jamás me clavé mucho en eso de la productividad, pero es un estimado). En este número de llamadas atendí mucha gente, y pude detectar ciertos patrones de conducta. Ojo: no quiero decir con esto que absolutamente todos se comporten igual, evidentemente existen excepciones, y lo sabré yo, que debía tratar de ayudarlos lo mejor posible. El chiste no es generalizar, sino hacer notorias estas pequeñas diferencias (o similitudes) entre ellos y nosotros.

1. Gastan mucho dinero.
Y con mucho dinero me refiero a pedidos grandes por Internet de ropa y artículos que superaban los 1000 USD. La cosa aquí es que ellos tienen la confianza en que si algo no les gustó o no les quedó pueden recuperar su dinero, Y VAN A PELEAR HASTA EL ÚLTIMO CENTAVO. Normalmente lo obtienen, y los que no... bueno... seguramente recibirás una llamada semanal de algún cliente cada vez más molesto.

¿Qué pasa en México?
Bueno, principalmente el hecho de esperar a que algo te llegue hace el momento de recibirlo una experiencia milagrosa, así que en primera instancia muchos de nosotros no vemos si viene un poco arrugado o el paquete viene sin sellos. Si algo pasó con nuestro artículo al principio pensamos en reclamar, pero después (admitámoslo) nos ponemos a pensar en todos los problemas y la "pérdida de tiempo" que eso implica, así que simplemente lo dejamos pasar... otra vez.

2. Esperan que cumplas con lo que prometes.
Muchas de mis llamadas eran de personas que estaban checando la fecha de entrega de su paquete. Si en la página les prometían que el paquete llegaría en tres días, el tercer día en la mañana ya estaban llamando para reclamar. Había gente comprensiva que después de razonar con ellos decidían esperar un día o dos más; y había gente muy pesada que aunque les explicaras el proceso completo de un envío por paquetería, no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer y continuaban defendiendo su punto hasta obtener lo que querían. (Usualmente un reembolso de su shipping fee).

¿Y en México?
De nuevo hablo más por experiencia propia. Muchas veces he tratado de quejarme si el negocio en cuestión no cumple lo que promete. Usualmente termino cansada, frustrada y de mal humor. Mi madre siempre me dice que deje de tratar de hacer al mundo como yo quiero. El principal problema es que como consumidor en México no tenemos ningún tipo de protección, y el agravante es que, en realidad, así estamos acostumbrados.

3. "Are this products american?", "Can I speak to an american agent?".
Usualmente cuando me preguntaban "¿en dónde estás ubicada?", tímidamente respondía que en México. Usualmente cuando respondía eso, afortunadamente la mayoría no comentaban nada o me preguntaban cómo estaba el clima, o si mi ciudad estaba cerca de alguno de los puntos turísticos que habían visitado. En ocasiones hacían el comentario de "bueno, mientras puedas hacer el trabajo está bien". Pero otras veces, más comunes de lo que a uno le gustaría, salía el comentario de el que no quería tener trato con nadie más que no fuera del país. Lo mismo iba para los artículos. Se preocupan mucho porque lo que consuman esté hecho por manos estadounidenses, y creo que los comprendo. Si en mi país hubiera más variedad de elección en cuanto a productos, y un precio competitivo, también me tomaría la molestia de checar si lo que compro es hecho en México.

¿Qué hacemos usualmente los Mexicanos?
¿Es más barato que los demás? ¡Cómpralo! ¿Checar la etiqueta? Ain't nobody got time for that!

4. Confían en sus bancos, en sus servicios, y en sus tarjetas de crédito.
Considero que esto se debe a que todos los servicios que utilizan han cambiado para acomodarse a las necesidades de sus clientes por el simple hecho de que si algo se presenta de modo desfavorable para ellos, simplemente no lo permiten. No se dejan. Siempre reclaman, siempre buscan apoyo de la comunidad, y lo que consumen debe responder a sus expectativas, NO AL REVÉS.
Un usuario estadounidense inconforme, si no puedes hacer una cancelación o un ajuste de precios, simplemente te va a decir que lo dejes y que ellos se van a arreglar con su banco. Tengo entendido que el banco puede frenar una transacción en el momento en  que su cliente se lo pida; y pues bueno, yo no tengo mucha experiencia con tarjetas de crédito (creo que son cosa del diablo) pero no estoy segura de que eso sea posible en México, ¿alguien puede decirme?

¿Y aquí qué pasa?
No confiamos en el sistema postal porque en el momento en el que hacemos una reclamación va a oídos sordos. No confiamos en las tarjetas de crédito por la tasa de interés altísimo que le ponen a sus usuarios, cosa que sucede porque nosotros lo permitimos, admitimos que las cosas son así, y pagamos lo que nos piden. Creemos que no tenemos poder porque eso nos han hecho creer. La prueba está en que si ellos se organizan bien pueden cambiar las condiciones de pago de una institución bancaria o una compañía telefónica, porque ellos deciden. Sí, da pie a actitudes muy MUY odiosas, pero finalmente hay que comprender que en este mundo capitalista, quien tiene el dinero tiene el poder. Nosotros tenemos el dinero, y ellos el producto o servicio. ¿Por qué si ya estamos pagando tenemos que atenernos a sus condiciones? Suena raro, ¿no?

5. Mayoritariamente, son humanos, justo como uno.
Cierta vez llamó una clienta queriendo hacer la compra de solo un zapato, ya que había olvidado el otro en la bolsa después de probárselo y todo había ido a dar a la trituradora.
Múltiples veces recibí llamadas de clientas tan frustradas que se ponían a llorar.
Muchísimas otras, atendí a abuelitas muy amables que se ponían a platicarte sobre su rutina diaria, sus aeróbicos, sus necesidades o simplemente de su perro. 
En su mayoría lamentablemente son gente que vive sola. Tengo entendido que las familias viven muy separadas unas de otras, y que incluso a veces los vecinos contiguos están separados por algunos kilómetros. Este ambiente de soledad por supuesto que los pone vulnerables. Aquí es difícil entenderlo porque nuestra trama social no es igual, pero sin embargo seguimos siendo en esencia la misma cosa.

El contraste Mexicano.
Finalmente quisiera apuntar que si yo hubiese sido profesional y me preocupara por mejorar  mis stats y mis in-call-rates y todo eso,  simplemente les hubiera dado el avión y hubiese terminado la llamada.
Pero soy mexicana y mi relación con el chisme es tal que no podía dejar de escucharlos, platicar y convertirme en cómplice suyo, aunque fuera unos momentos.
Finalmente, así funciona la sociedad aquí, aunque a muchos nos guste negarlo.


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